Dra. Joyce

Durante años, el consejo ha sido casi universal: visualiza el éxito, piensa positivo, imagina tu mejor versión.

Se nos ha dicho que si logramos “ver con suficiente claridad”, eventualmente sucederá. Vision boards, afirmaciones, imágenes mentales del futuro ideal.

Y cuando no funciona, el mensaje implícito suele ser: no creíste lo suficiente.

Mientras revisaba el libro Rethinking Positive Thinking de la psicóloga investigadora Gabriele Oettingen, me encontré con una conclusión tan incómoda como liberadora:

Fantasear con el éxito puede reducir la probabilidad de alcanzarlo.

Y no es una opinión. Es el resultado de más de dos décadas de investigación científica. Les comparto una reseña de lo que la autora discute en su libro.

Cuando imaginar el éxito nos juega en contra

Oettingen y otras personas han estudiado el impacto de la visualización positiva en distintos contextos:

  • Personas buscando empleo: quienes se imaginaban con frecuencia en su “trabajo ideal” enviaban menos solicitudes y terminaban con empleos peor pagados.
  • Pérdida de peso: personas que fantaseaban con su “yo delgado” perdían menos peso que quienes no lo hacían.
  • Relaciones y estudios: personas que soñaban con conexiones románticas o éxito académico tomaban menos acciones concretas.

El patrón se repite una y otra vez: cuanto más perfecta y placentera es la fantasía menos esfuerzo sostenido ocurre en la realidad.

¿Por qué? Porque el cerebro no distingue bien entre imaginar intensamente y lograr de verdad. La fantasía activa los mismos circuitos de recompensa que el logro real. Se siente bien… y ese “premio anticipado” reduce la urgencia de actuar.

Es como ver el tráiler de una película y sentir la emoción sin haberla filmado.

No todo pensamiento positivo es igual

Aquí está el matiz clave que suele perderse en la conversación pública. No existe un solo tipo de pensamiento positivo.

1. Expectativas positivas basadas en la realidad

Este tipo sí ayuda. Es la confianza que surge de la experiencia: cuando has hecho el trabajo antes y tienes razones reales para creer que puedes volver a hacerlo.

Ejemplo: Una persona deportista que ha entrenado consistentemente o una profesional que ya ha superado retos similares.

2. Fantasía positiva

Este es el problema. Es imaginar el resultado sin enfrentar el proceso: la persona emprendedora que sueña con el éxito sin lidiar con la ejecución, la persona que estudia imaginando sobresalientes sin cambiar hábitos.

Este tipo de pensamiento no motiva: sustituye la acción.

El costo colectivo del optimismo vacío

Lo más interesante es que este fenómeno no es solo individual. Investigaciones citadas en el libro muestran que:

  • Durante la crisis financiera de 2007–2009, cuanto más positivo era el lenguaje en las noticias financieras, más probable era que el mercado cayera en las semanas siguientes.
  • Al analizar discursos inaugurales presidenciales desde 1933, se encontró una correlación consistente: cuanto más “rosada” era la visión del futuro económico, mayores probabilidades de desempleo creciente y caída del PIB durante ese mandato.

El exceso de optimismo no previene crisis. A veces, las anuncia.

Entonces… ¿qué hacer en lugar de solo visualizar?

La respuesta no es dejar de soñar, sino soñar con contraste. Gabriele Oettingen propone una técnica respaldada por investigación llamada Mental Contrasting, que consiste en:

  1. Identificar una meta que realmente te importe
  2. Imaginar el mejor resultado posible
  3. Contrastar inmediatamente con el principal obstáculo interno que se interpone

Este contraste reactiva la energía y devuelve al cerebro al terreno de la acción.

Y para hacerlo aún más efectivo, introduce el método WOOP:

  • Wish (Deseo)
  • Outcome (Resultado)
  • Obstacle (Obstáculo interno)
  • Plan (Plan “si–entonces”)

Ejemplo: Si siento ganas de procrastinar cuando abro la laptop, entonces cerraré redes y trabajaré 25 minutos.

Estos planes funcionan porque automatizan la respuesta, reduciendo la dependencia de la fuerza de voluntad en el momento.

El verdadero mensaje

El problema nunca fue el optimismo. El problema fue usarlo sin realidad ni estrategia.

Pensar positivo no significa negar los obstáculos. Significa reconocerlos y planificar con honestidad.

Quizás el acto más “positivo” que podemos hacer hoy no es visualizar un futuro perfecto, sino mirar de frente lo que nos frena y decidir cómo actuar cuando aparezca.

Fuente: Rethinking Positive Thinking: Inside the New Science of Motivation Gabriele Oettingen, PhD

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