
Aprovechando que estamos en una semana de reflexión, es buen momento para pensar no solo en nuestro bienestar individual, sino también en el de los espacios que habitamos todos los días: nuestras organizaciones, nuestros equipos, nuestras culturas de trabajo.
Las culturas organizacionales no se hacen solas.
Al igual que las culturas de los países, necesitan acciones intencionadas, símbolos poderosos, espacios compartidos y repeticiones significativas que les den forma y permanencia.
Y una de las formas más potentes —y muchas veces olvidadas— de construir y sostener cultura, son las ceremonias y los rituales.
¿Qué tienen en común una ceremonia japonesa del té y una cultura organizacional sólida?
Recientemente participé en una ceremonia japonesa del té, facilitada por una maestra certificada. Fue una experiencia que me dejó mucho más que una taza caliente.
Cada paso tenía un significado.
Cada persona, un rol.
Cada elemento en la mesa, un símbolo.
Todo tenía intención.
Incluso la vestimenta —el kimono— con sus colores y patrones comunica historias, honra tradiciones y transmite valores que han viajado generación tras generación.
Y entonces me detuve a pensar:
En nuestras organizaciones, ¿dónde están nuestras ceremonias?
¿Qué estamos comunicando con nuestros rituales?
Los cartelones no bastan
Una vez que una organización define la cultura que quiere construir, no es suficiente con colocar valores en las paredes, enviar correos motivacionales o publicar frases inspiradoras en redes.
Eso es parte, pero no es todo.
La cultura se construye con acciones repetidas, significativas, simbólicas.
Se construye con cosas que se viven y se sienten, no solo que se leen.
Ceremonias vs. rituales: el poder de lo cotidiano con intención
Las ceremonias son momentos formales, planificados, diseñados con un propósito claro. Pueden usarse para celebrar logros, marcar transiciones, reforzar valores o reconocer a las personas.
Los rituales, por su parte, son esas acciones cotidianas que se repiten casi sin pensar: salir juntos a tomar café, tener un espacio compartido para almorzar, comenzar las reuniones con una pregunta personal.
Ambos son herramientas poderosas para construir cultura.
Pero si no los hacemos conscientes, pueden terminar reforzando actitudes contrarias a los valores que decimos promover.

¿Qué nos enseña la ceremonia del té?
La ceremonia del té nos recuerda cosas esenciales:
● Que cada símbolo importa: desde lo que usamos hasta cómo hablamos y dónde nos sentamos.
● Que la repetición comunica: lo que hacemos una vez puede olvidarse, lo que repetimos se convierte en parte de quiénes somos.
● Que el rol de cada persona cuenta: una cultura no se sostiene con discursos de liderazgo si no se traduce en acciones compartidas.
● Que la belleza también es lenguaje: los detalles, la estética, el cuidado en lo que hacemos… también son cultura.
Una invitación para esta semana
Ya que estamos en una semana de pausa y reflexión, ¿por qué no aprovecharla para mirar hacia dentro?
📌 ¿Qué ceremonias formales existen en tu equipo, organización o negocio?
📌 ¿Qué rituales se repiten, aunque no estén escritos en ningún manual?
📌 ¿Qué tipo de cultura están construyendo esas prácticas?
📌 ¿Qué nuevos rituales podrías empezar a sembrar para cuidar no solo la productividad, sino también el bienestar, el sentido de pertenencia y la conexión?

Y si te animas… considera crear una ceremonia del té como experiencia cross-cultural en tu empresa. No solo por su belleza, sino por lo que enseña: la cultura no se impone, se cultiva.